La cantidad no importa

Pues depende de lo que hablemos, claro está. En el caso de los alimentos, lamentablemente veo una tendencia a producir gran cantidad de todo sin mesura, sacrificando en la mayoría de los casos la calidad por la cantidad. Y es que la cantidad, sin calidad, no tiene sentido, y más si hablamos de alimentos. Porque no podemos olvidar que somos lo que comemos, y nuestra salud depende de los alimentos que escojamos. Decide sabiamente mi pequeño Padawan.

En nuestras patatas tarsa puedes tener cantidad con calidad

Usar y tirar

Reconoce que te ha pasado alguna vez, a mí también. Hace tiempo me encontré inmersa en la cultura del usar y tirar, ropa de calidad escasa que duraba poco, alimentos procesados muy atractivos pero poco saludables, complementos que no duraban ni una semana, calzado que se rompía a la mínima y así un sinfín de cosas que tenía claro que iban a durar un suspiro. Pero esto me daba igual, los podía reemplazar con facilidad y a bajo coste (lo que no me daba cuenta es que a la larga, lo barato sale caro). Se fomenta una cultura de compra constante y puede llevar a la insatisfacción y el endeudamiento.

Estos productos generan una gran cantidad de residuos que a menudo terminan en vertederos o en el medio ambiente, causando contaminación y daño a la vida silvestre. El consumismo contribuye a la sobreexplotación de recursos naturales y a la generación de grandes cantidades de residuos.

Lo quiero ya

Y dicho y hecho, estaba a mi alcance en cualquier momento el reemplazarlos, inmediatamente, ahora. Esto ha llevado a una sociedad impaciente, que quiere las cosas ya, no podemos esperar a tenerlo. Por eso, aceleramos artificialmente la maduración de los alimentos, sobrealimentamos a los animales para tenerlos listos para el matadero en la mitad de tiempo, reducimos los tiempos de fabricación de ciertos objetos, y así con todo.

Vamos corriendo a todos los sitios y pretendemos que todo vaya a nuestro ritmo frenético. Lamentablemente, en nuestra carrera estamos dejando muchas cosas por el camino que no nos pronostican precisamente un futuro muy halagüeño. Cambio climático, hambre oculta, suelos erosionados, alimentos pobres en nutrientes….

El cambio empieza en uno mismo

No podemos cambiar la sociedad de un plumazo, pero podemos contribuir con pequeñas modificaciones en nosotros mismos y nuestro estilo de vida. El cambio hacia un consumo más responsable y la reducción de productos de usar y tirar son esenciales para proteger nuestro planeta y asegurar un futuro sostenible. La economía circular propone un modelo alternativo en el que los productos se diseñan para ser reutilizados, reparados y reciclados, reduciendo así el desperdicio.

Este fenómeno también se ha venido produciendo en la agricultura desde hace décadas. Te lo contaba aquí y aquí, los alimentos han ido progresivamente su poder nutritivo desde hace 70 años. Esto desencadena lo que se conoce como el hambre oculta, un fenómeno muy preocupante.

Todo a su tiempo

Nosotros, como agricultores, hemos decidido primar la calidad frente a la cantidad. Aunque no le demos mucha importancia al origen y a la forma en que se han cultivado muchos de los alimentos que consumimos, es un detalle clave que va a influir tanto en su calidad como en tu salud. Para nosotros es primordial respetar el tiempo de cultivo de la patata, sólo la cosechamos cuando está en su punto óptimo de maduración. Esto que parece de Perogrullo, ha dejado de hacerse en varios alimentos, se cosechan sin madurar y luego maduran en la tienda o en cámaras. Esto merma las propiedades de cualquiera.

No vamos contra el progreso

Por supuesto que no, al revés, nos subimos al carro de cualquier avance que pueda haber y al de la digitalización. Y es cierto que la producción de alimentos ha tenido que aumentar durante este tiempo de intenso crecimiento poblacional en el mundo. Pero no a toda costa. Se puede producir en cantidad y con calidad, cuidando el suelo, respetando el medioambiente, innovando y de manera sostenible. ¿Te sumas al cambio?

“Come bien, vive bien”

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