El popular arte de regatear

Nos encanta regatear. Regatear es una práctica común en muchos mercados y tiendas alrededor del mundo, donde los compradores y vendedores negocian el precio de un producto o servicio. Regatear puede ser una experiencia divertida, pero ¿se puede regatear en cualquier situación? ¿Y por qué hoy salgo con ésto? Quédate conmigo en el blog y te lo cuento.

En Patatas Tarsa no nos gusta regatear

Anda, hazme una rebajita

Conseguir un buen trato puede generar una sensación de logro y satisfacción. El regateo permite a los compradores sentir que tienen control y poder en la transacción. Y es que cuando nosotros, internamente, evaluamos un producto o servicio, y decidimos que es muy caro, nos sale el regateo casi instintivamente.

Sin embargo, esta evaluación muchas veces carece de fundamento, realmente no sabemos con certeza cuánto vale ese objeto/servicio preciado que deseamos adquirir.

En cambio, a la otra parte, la regateada, el mensaje que le llega es el siguiente:

  • El cliente no valora el producto/servicio
  • El cliente no valora el tiempo empleado en producirlo
  • El cliente no valora el tiempo de formación que me ha llevado hasta aquí
  • El cliente no valora mis costes de producción
  • El cliente no cree necesario que yo obtenga un beneficio

Así, en ciertos sectores, a base de repetir este patrón, nos sentimos infravalorados. Y la creencia se va extendiendo hasta el infinito. Los sectores «más regateados» son principalmente artesanos, agricultores y ganaderos, artistas…y seguro que me dejo más de uno.

A Óscar de Patatas Tarsa no le gusta regatear

El arte de regatear

¿Podrías contestar con sinceridad a estas preguntas?

  • En un restaurante, ¿regateas cuando te traen la cuenta?
  • En el dentista, ¿regateas a la hora de pagar la visita?
  • En la tienda de ropa, ¿regateas el precio de las camisetas?
  • En el recibo de la luz, ¿regateas con la suministradora de electricidad?
  • ¿Tu empresa te regatea tu sueldo y cobras distinto cada mes?

El valor de las cosas

La mayoría de la gente habrá contestado que no a esas preguntas. Entonces, ¿por qué regateas al artesano que se pasa horas en su taller creando piezas únicas? ¿Por qué regateas al agricultor que vende sus productos para ganarse la vida? ¿Por qué regateas el precio de ciertas cosas sin saber realmente cuál es su valor (y no solamente el económico)?

Y cuidado, no estoy diciendo que no se haya de luchar por precios justos, claro está. Pero justos significa que beneficien a ambas partes, cliente y vendedor, no sólo a una de ellas.

Es cierto que los precios llevan en ascenso muchos meses, y que la cesta de la compra está imposible, yo compro igual que tú. Nos afectan los mismos parámetros, gasolina, transporte, materias primas, electricidad, consumibles…es una cadena que al final termina afectando a todos los eslabones, y como siempre, los más perjudicados somos los consumidores.

No tengo idea de como solucionar esto, son cosas que se escapan de mi mano. Lo único que puedo hacer es sembrar una semillita en las conciencias, y la próxima vez que te veas tentado de regatear, te lo pienses dos veces antes de hacerlo. Será una señal de respeto para la persona que tienes en frente, que seguro que tiene una historia detrás, igual que tú.

Valorar lo que compras es esencial para tomar decisiones de consumo más conscientes y responsables. Aquí tienes algunas maneras de hacerlo:

Calidad sobre Cantidad

  • Durabilidad: Opta por productos que sean duraderos y de alta calidad, aunque puedan ser más costosos inicialmente. A largo plazo, ahorrarás dinero y reducirás el desperdicio.
  • Materiales: Fíjate en los materiales de los productos. Los materiales naturales y sostenibles suelen ser mejores para el medio ambiente y tu salud.

Impacto Ambiental

  • Sostenibilidad: Considera el impacto ambiental de los productos que compras. Busca opciones que sean ecológicas y que tengan un menor impacto en el planeta.
  • Empaque: Elige productos con empaques mínimos o reciclables para reducir la cantidad de residuos.

Apoyo a la Economía Local

  • Productos Locales: Comprar productos locales no solo apoya a los productores y artesanos de tu comunidad, sino que también reduce la huella de carbono asociada con el transporte.
  • Pequeñas Empresas: Apoya a las pequeñas empresas y emprendedores en lugar de las grandes corporaciones.

Ética y Responsabilidad Social

  • Condiciones Laborales: Investiga las prácticas laborales de las empresas. Opta por aquellas que traten a sus trabajadores de manera justa y ética.
  • Comercio Justo: Busca productos con certificaciones de comercio justo, que aseguran que los productores reciben un pago justo por su trabajo.

Necesidad vs. Deseo

  • Reflexiona: Antes de comprar, pregúntate si realmente necesitas el producto o si es un deseo impulsivo. Esto te ayudará a evitar compras innecesarias y a valorar más lo que tienes.

Educación y Conocimiento

  • Infórmate: Aprende sobre los productos que compras, sus orígenes y su impacto. Cuanto más sepas, mejores decisiones podrás tomar.

Valorar lo que compras no solo beneficia a tu bolsillo, sino también al medio ambiente y a la sociedad en general. Cada vez que compres un producto/servicio a un agricultor, ganadero, artesano, en un comercio o comas en un restaurante, piensa en la trayectoria de ese producto/servicio y en la persona que lo suministra.

“Si tú sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces”

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