Stop Agroquímicos: Es necesario cuidar la tierra

Cada 26 de noviembre se conmemora el Día Mundial contra el Uso Indiscriminado de Agroquímicos, una fecha que invita a reflexionar sobre cómo producimos nuestros alimentos y sobre el impacto que determinadas prácticas agrícolas pueden tener sobre el suelo, el agua, la biodiversidad y las personas.

Para quienes trabajamos diariamente en el campo, la cuestión es especialmente compleja.

Cultivar significa convivir con el clima, las plagas, las enfermedades, las malas hierbas y multitud de factores que pueden cambiar de una campaña a otra. Una misma parcela puede comportarse de manera completamente diferente dependiendo de las lluvias, las temperaturas o la presión de una determinada enfermedad.

Por eso hablar de agroquímicos no debería reducirse a dividir la agricultura entre productos químicos «buenos» o «malos».

La pregunta realmente interesante es otra:

¿Podemos producir alimentos suficientes y de calidad reduciendo al mismo tiempo nuestra dependencia de los productos fitosanitarios y minimizando su impacto sobre el medio ambiente?

Mariquita en planta de la patata con septum y sin agroquímico en la tierra

Los últimos datos disponibles muestran que este desafío continúa plenamente vigente.

Según los datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2026, durante 2024 se utilizaron mundialmente 3,92 millones de toneladas de ingredientes activos de pesticidas agrícolas.

Esto supone un 5 % más que en 2023, un 18 % más que diez años antes y más del doble de la cantidad utilizada en 1990.

Sin embargo, Europa presenta una evolución diferente. Los indicadores publicados por la Comisión Europea muestran que en 2024 el uso y riesgo de pesticidas químicos en la Unión Europea se había reducido un 56 % respecto al periodo de referencia 2015-2017.

Dos tendencias aparentemente opuestas que reflejan muy bien la complejidad del problema.

El futuro de la agricultura probablemente no pase simplemente por elegir entre utilizar productos fitosanitarios o renunciar completamente a ellos, sino por prevenir mejor, conocer mejor nuestros cultivos y utilizar cada herramienta únicamente cuando sea necesaria.

¿Qué son realmente los agroquímicos?

Cuando escuchamos la palabra agroquímicos, muchas veces pensamos inmediatamente en pesticidas.

Pero el concepto es mucho más amplio.

Los agroquímicos comprenden diferentes sustancias utilizadas en agricultura para favorecer la producción o proteger los cultivos. Dentro de esta categoría pueden encontrarse fertilizantes, herbicidas, fungicidas, insecticidas y otros productos.

Tampoco todos presentan las mismas características ni los mismos riesgos.

Los productos fitosanitarios, por ejemplo, cumplen una función concreta: proteger las plantas y los cultivos frente a organismos perjudiciales capaces de comprometer la producción.

Hongos, insectos, malas hierbas, bacterias y otros organismos pueden provocar pérdidas importantes.

En el caso de la patata conocemos muy bien esta realidad.

Una enfermedad como el mildiu de la patata, provocada por Phytophthora infestans, puede desarrollarse rápidamente cuando coinciden determinadas condiciones ambientales favorables.

Por eso proteger un cultivo no es necesariamente incompatible con desarrollar una agricultura sostenible.

El problema aparece cuando existe una dependencia excesiva de determinados insumos, un uso incorrecto o aplicaciones que podrían evitarse mediante otras estrategias agronómicas.

Ahí está precisamente uno de los grandes retos de la agricultura moderna.

Los últimos datos mundiales sobre pesticidas

Los datos publicados por FAOSTAT en julio de 2026 permiten observar cómo ha evolucionado el uso mundial de pesticidas agrícolas entre 1990 y 2024.

En 2024 se utilizaron aproximadamente 3,92 millones de toneladas de ingredientes activos.

La cifra supone:

  • un incremento del 5 % respecto a 2023;
  • un aumento del 18 % respecto a diez años antes;
  • y más del doble de la cantidad utilizada mundialmente en 1990.

El promedio mundial alcanzó aproximadamente los 2,49 kg de ingrediente activo por hectárea de tierras de cultivo.

Estos datos necesitan interpretarse con prudencia.

Una tonelada de un producto no puede compararse automáticamente con una tonelada de otro. Existen diferentes sustancias, toxicidades, dosis de aplicación, cultivos y condiciones agrícolas.

Por eso cada vez se presta más atención no solamente a la cantidad utilizada, sino también al riesgo asociado a los diferentes productos.

Aun con esas limitaciones, la tendencia mundial muestra que reducir nuestra dependencia de determinados productos fitosanitarios continúa siendo un desafío importante.

Europa: una evolución diferente

La situación europea presenta algunos datos esperanzadores.

La Comisión Europea publicó en agosto de 2026 los indicadores correspondientes al periodo comprendido entre 2011 y 2024.

Según estos datos, en 2024 el indicador europeo de uso y riesgo de pesticidas químicos se encontraba un 56 % por debajo del promedio del periodo de referencia 2015-2017.

En el caso de los pesticidas considerados más peligrosos, la reducción alcanzó aproximadamente el 23 %.

Sin embargo, esto no significa que el problema esté resuelto.

Entre 2023 y 2024 se produjo un ligero incremento del 3 % en ambos indicadores respecto a la referencia utilizada.

La evolución muestra algo importante: es posible reducir el uso y el riesgo asociado a determinados pesticidas, pero mantener esa tendencia requiere continuar trabajando en prevención, formación, investigación y alternativas.

¿Por qué preocupa el uso inadecuado de productos fitosanitarios?

Los productos fitosanitarios se diseñan precisamente para actuar sobre organismos vivos. Por ese motivo, su utilización requiere conocimiento y control.

Cuando se utilizan correctamente pueden proteger los cultivos y evitar pérdidas.

Cuando se emplean de manera inadecuada pueden producir efectos no deseados sobre otros organismos o alcanzar lugares diferentes de aquellos donde deberían actuar.

Agua y ecosistemas

Después de una aplicación, diferentes procesos pueden favorecer que determinadas sustancias se desplacen.

La escorrentía superficial, la deriva durante la aplicación o la lixiviación pueden facilitar que algunos compuestos lleguen a cursos de agua o aguas subterráneas.

Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, durante el periodo 2013-2023 uno o más pesticidas superaron sus umbrales ambientales en aproximadamente el 19-27 % de las masas de agua fluviales analizadas y en el 11-18 % de las masas de agua subterránea.

Por eso resultan fundamentales las buenas prácticas de aplicación.

Elegir correctamente el momento, respetar las dosis autorizadas, utilizar equipos bien regulados, evitar aplicaciones en determinadas condiciones meteorológicas y mantener las distancias de seguridad son medidas capaces de reducir los riesgos.

Día de la conservación del suelo Patatas Tarsa sin agroquímicos en la tierra

El suelo: mucho más que el lugar donde crecen las plantas

Para nosotros existe además un elemento especialmente importante: el suelo.

A simple vista puede parecer simplemente tierra.

Pero un suelo agrícola es un ecosistema extraordinariamente complejo.

En él encontramos minerales, agua, aire, raíces, materia orgánica y una enorme comunidad de microorganismos y pequeños organismos que participan en procesos esenciales.

Bacterias, hongos, lombrices y otros seres intervienen en la descomposición de materia orgánica, el reciclaje de nutrientes y numerosos procesos relacionados con la fertilidad.

Por eso cuidar el suelo significa cuidar uno de los principales patrimonios de cualquier explotación agrícola.

Un suelo con buena estructura puede favorecer la infiltración del agua, reducir determinados procesos erosivos y facilitar el desarrollo de las raíces.

Y esto resulta especialmente importante en un contexto de temperaturas extremas, periodos secos y precipitaciones cada vez más irregulares.

No existe una única práctica capaz de conseguir un suelo sano.

Es el resultado de muchas decisiones mantenidas en el tiempo.

Rotar cultivos para romper ciclos

Una de esas decisiones es la rotación de cultivos.

Cultivar continuamente la misma especie en una parcela puede favorecer la acumulación de determinados patógenos, plagas o problemas relacionados con el suelo.

Introducir otros cultivos ayuda a romper algunos de esos ciclos.

Las rotaciones también permiten aprovechar de manera diferente los nutrientes y las distintas profundidades del suelo.

En determinadas rotaciones pueden incorporarse además leguminosas, capaces de establecer asociaciones con microorganismos que fijan nitrógeno atmosférico.

No significa que una rotación elimine automáticamente la necesidad de fertilizantes o tratamientos.

Significa que estamos utilizando la propia agronomía como primera herramienta de prevención.

Y esa idea —prevenir antes que tratar— es una de las bases de la agricultura sostenible.

Biodiversidad: aliados que muchas veces no vemos

La biodiversidad agrícola tampoco es únicamente algo que debamos proteger.

También puede trabajar a nuestro favor.

Mariquitas, crisopas, sírfidos, arañas, aves y multitud de otros organismos pueden actuar como depredadores naturales de determinadas plagas.

Una mariquita en una planta de patata puede parecer simplemente una fotografía bonita.

Pero detrás de ella existe una historia mucho más interesante.

Los agroecosistemas contienen relaciones entre organismos que ayudan a regular sus poblaciones.

Por eso conservar zonas de refugio, reducir intervenciones innecesarias y favorecer cierta diversidad en el entorno agrícola puede contribuir a mantener poblaciones de fauna auxiliar.

Esto no significa que la naturaleza vaya a resolver por sí sola cualquier problema fitosanitario.

Significa que trabajar a favor de esos equilibrios puede formar parte de una estrategia mucho más amplia de protección de cultivos.

Gestión Integrada de Plagas: prevenir antes de tratar

Aquí aparece uno de los conceptos fundamentales de la agricultura europea actual: la Gestión Integrada de Plagas (GIP).

Su filosofía podría resumirse en cuatro palabras: observar, prevenir, decidir y actuar.

La Gestión Integrada de Plagas combina diferentes estrategias para mantener plagas y enfermedades en niveles compatibles con una producción viable, minimizando al mismo tiempo los riesgos asociados al uso de productos fitosanitarios.

En España, sus principios forman parte del marco de utilización sostenible de productos fitosanitarios.

Entre las herramientas que pueden formar parte de una estrategia de Gestión Integrada encontramos:

  • rotación de cultivos;
  • selección de variedades adecuadas;
  • vigilancia de las parcelas;
  • identificación correcta de plagas y enfermedades;
  • utilización de umbrales cuando estén establecidos;
  • conservación de fauna auxiliar;
  • medidas culturales y mecánicas;
  • métodos biológicos cuando sean adecuados;
  • gestión del riego;
  • nutrición equilibrada del cultivo;
  • seguimiento de las condiciones meteorológicas;
  • y utilización racional de productos fitosanitarios cuando sea necesario.

Esto supone cambiar una pregunta.

En lugar de preguntarnos automáticamente:

«¿Qué producto aplicamos?»

la primera pregunta pasa a ser:

«¿Necesitamos intervenir?»

La diferencia parece pequeña, pero representa un cambio importante en la manera de entender la protección de los cultivos.

Tecnología para tomar mejores decisiones

Agricultura sostenible y tecnología no son conceptos enfrentados.

Al contrario.

Muchas de las herramientas que están apareciendo en la agricultura permiten conocer mejor lo que sucede en cada parcela y tomar decisiones más precisas.

Estaciones meteorológicas, sensores de humedad, imágenes de satélite, drones, sistemas de ayuda a la decisión y modelos predictivos pueden proporcionar información que hace unos años no estaba disponible.

Esto resulta especialmente interesante para determinadas enfermedades.

Si conocemos las condiciones de humedad, temperatura y desarrollo del cultivo podemos evaluar mejor cuándo aumenta el riesgo de aparición de una enfermedad.

Y cuanto mejor sabemos cuándo existe riesgo, más posibilidades tenemos de evitar intervenciones innecesarias.

La agricultura de precisión lleva esta idea todavía más lejos.

En lugar de considerar una parcela como una superficie completamente homogénea, permite identificar diferencias dentro de ella y ajustar determinadas actuaciones.

Aplicar la cantidad adecuada, en el lugar adecuado y en el momento adecuado puede contribuir a reducir insumos, costes e impactos ambientales.

Cosechando la tierra sin uso indiscriminado de agroquímicos

Agricultura sostenible no significa agricultura sin herramientas

Este punto nos parece especialmente importante.

A veces la sostenibilidad agrícola se presenta mediante mensajes excesivamente sencillos:

«sin químicos», «100 % natural» o «cultivado sin tratamientos».

La realidad del campo es bastante más compleja.

Una explotación agrícola tiene que producir alimentos y, al mismo tiempo, ser económicamente viable.

Además, cada campaña es diferente.

Puede haber años con una presión relativamente baja de determinadas enfermedades y otros en los que las condiciones meteorológicas provoquen una presión extraordinaria.

Renunciar a una intervención necesaria puede significar perder una parte importante de una cosecha.

Y perder alimentos que ya han necesitado agua, suelo, combustible, fertilizantes, semillas, maquinaria y trabajo tampoco es necesariamente sostenible.

Por eso creemos que el camino más sensato pasa por reducir lo que pueda reducirse, prevenir todo lo posible y utilizar las herramientas disponibles de manera responsable cuando sean necesarias.

Nuestra forma de cultivar en Patatas Tarsa

En Patatas Tarsa llevamos tres generaciones cultivando patatas en Pinarnegrillo, Segovia.

La agricultura forma parte de nuestra historia familiar, pero también de nuestra manera de entender el territorio.

Cada campaña nos recuerda que dependemos de la tierra.

Por eso intentamos avanzar hacia una agricultura cada vez más sostenible mediante decisiones concretas.

Trabajamos con rotaciones de cultivos, incorporamos materia orgánica, realizamos seguimiento de nuestros cultivos y buscamos utilizar de manera racional el agua, los nutrientes y los tratamientos.

También probamos y evaluamos nuevas soluciones que puedan ayudarnos a mejorar.

Porque agricultura sostenible no significa tener todas las respuestas.

Significa estar dispuesto a observar, medir, probar, comparar y aprender.

No somos una explotación de agricultura ecológica y consideramos importante decirlo con claridad.

Tampoco queremos presentar nuestro cultivo como algo que no es.

Nuestro compromiso consiste en avanzar hacia una manera de producir que encuentre un equilibrio entre la calidad de nuestras patatas, la viabilidad de nuestra explotación y el cuidado de los recursos de los que dependemos.

Es un proceso continuo.

Y seguramente nunca estará terminado.

El agricultor también necesita alternativas viables

Cuando hablamos de reducir productos fitosanitarios existe otra cuestión que no deberíamos olvidar: el agricultor necesita disponer de alternativas que funcionen en condiciones reales de campo.

Una solución puede resultar prometedora en laboratorio y comportarse de manera diferente cuando se enfrenta a hectáreas de cultivo, variaciones meteorológicas o una presión elevada de una enfermedad.

Por eso la investigación agrícola resulta fundamental.

Necesitamos nuevas variedades, herramientas de control biológico, modelos predictivos, maquinaria más precisa y soluciones que permitan proteger las cosechas reduciendo al mismo tiempo los riesgos.

Pero esas alternativas también tienen que ser técnicamente eficaces y económicamente asumibles.

La sostenibilidad ambiental difícilmente puede mantenerse en el tiempo si una explotación deja de ser económicamente sostenible.

¿Qué papel tenemos los consumidores?

Los consumidores también formamos parte del sistema alimentario.

Nuestras decisiones influyen en qué productos llegan al mercado y en qué características valoramos.

Pero contribuir a una agricultura más sostenible no significa necesariamente buscar únicamente etiquetas como «sin químicos».

Podemos empezar por algo mucho más sencillo: preguntar de dónde vienen nuestros alimentos y cómo se producen.

Comprar directamente al productor cuando sea posible permite además acortar la distancia entre quien cultiva y quien consume.

También podemos valorar los alimentos más allá de su apariencia.

Una patata no necesita tener exactamente el mismo tamaño o una piel visualmente perfecta para ser un alimento excelente.

Aceptar determinadas diferencias naturales puede ayudar a reducir desperdicio y evitar que productos perfectamente aptos queden fuera del mercado únicamente por razones estéticas.

Reducir el desperdicio también es agricultura sostenible

Existe otro aspecto que pocas veces relacionamos con los agroquímicos: el desperdicio alimentario.

Cuando tiramos un alimento no desperdiciamos únicamente ese producto.

También desperdiciamos el agua utilizada para cultivarlo, la energía necesaria para producirlo, los nutrientes aportados al suelo, el combustible empleado por la maquinaria, el trabajo de las personas y cualquier tratamiento que haya sido necesario durante su cultivo.

Por eso aprovechar mejor los alimentos también forma parte de un sistema alimentario sostenible.

Comprar cantidades adecuadas, conservar correctamente los productos y aprender a aprovecharlos completamente son pequeñas acciones que multiplicadas por millones de hogares pueden marcar una diferencia.

¿Qué podemos hacer como consumidores?

No necesitamos convertirnos en expertos en agronomía para contribuir.

Podemos:

  • interesarnos por el origen de los alimentos;
  • conocer quién los produce;
  • preguntar por los métodos de cultivo;
  • comprar directamente a agricultores cuando sea posible;
  • valorar los productos de temporada;
  • aceptar alimentos con pequeñas diferencias de aspecto;
  • conservarlos correctamente;
  • reducir el desperdicio;
  • y apoyar modelos de producción comprometidos con una mejora continua.

La transparencia también es importante.

Los consumidores tienen derecho a saber cómo se producen sus alimentos y los agricultores tenemos la oportunidad de explicar una realidad que muchas veces queda escondida detrás de los lineales de un supermercado.

Preguntas frecuentes sobre agroquímicos y agricultura sostenible

¿Todos los agroquímicos son pesticidas?

No. Agroquímico es un término amplio que puede incluir fertilizantes y diferentes productos utilizados en agricultura. Los pesticidas o productos fitosanitarios se utilizan específicamente para proteger las plantas frente a determinados organismos perjudiciales.

¿Utilizar productos fitosanitarios significa practicar una agricultura no sostenible?

No necesariamente. La sostenibilidad depende del conjunto del sistema productivo y de cómo se utilicen los recursos. La Gestión Integrada de Plagas contempla la utilización de productos fitosanitarios cuando resulte necesaria, dando prioridad a medidas preventivas y alternativas adecuadas.

¿Qué es la Gestión Integrada de Plagas?

Es una estrategia que combina diferentes técnicas de prevención y control de plagas y enfermedades. Su objetivo es mantenerlas en niveles compatibles con la producción utilizando los métodos más adecuados y reduciendo los riesgos para las personas y el medio ambiente.

¿Se pueden cultivar patatas sin ningún tratamiento?

Depende de numerosos factores: variedad, clima, ubicación, campaña y presión de plagas y enfermedades.

Enfermedades como el mildiu pueden desarrollarse rápidamente cuando encuentran condiciones favorables. La vigilancia y prevención permiten racionalizar las intervenciones, pero determinadas situaciones pueden hacer necesario tratar para proteger la cosecha.

¿Agricultura sostenible y agricultura ecológica son lo mismo?

No.

La agricultura ecológica está regulada y sometida a unas normas y sistemas de certificación específicos.

La agricultura sostenible es un concepto más amplio que busca equilibrar producción, viabilidad económica, utilización responsable de los recursos y protección ambiental.

¿Los alimentos convencionales pueden contener residuos de pesticidas?

La legislación establece límites máximos de residuos para las sustancias autorizadas y existen programas oficiales de vigilancia y control.

La presencia detectable de un residuo tampoco significa automáticamente que exista un riesgo para la salud: es necesario considerar qué sustancia es, en qué concentración aparece y los límites de seguridad establecidos.

26 de noviembre: una oportunidad para hablar del campo sin simplificarlo

El Día Mundial contra el Uso Indiscriminado de Agroquímicos puede servir para denunciar malas prácticas, pero también debería servir para hablar de soluciones.

Los últimos datos mundiales muestran que el uso de pesticidas continúa siendo elevado y que el desafío sigue presente.

Al mismo tiempo, la evolución registrada en Europa demuestra que es posible avanzar hacia una reducción del uso y del riesgo de determinados productos.

El reto para la agricultura de las próximas décadas será encontrar un equilibrio cada vez mejor.

Necesitamos producir alimentos.

Necesitamos proteger nuestros cultivos.

Necesitamos explotaciones económicamente viables.

Pero también necesitamos conservar los suelos, utilizar responsablemente el agua y proteger la biodiversidad de la que depende nuestra propia agricultura.

Quizá por eso el 26 de noviembre no debería ser únicamente un día «contra» algo.

Puede ser también un día a favor de otra manera de tomar decisiones en el campo.

Más conocimiento.

Más prevención.

Más investigación.

Más precisión.

Y tratamientos únicamente cuando realmente sean necesarios.

En Patatas Tarsa queremos seguir aprendiendo y mejorando campaña tras campaña.

Porque para nosotros la sostenibilidad no debería ser solamente una palabra bonita escrita en una etiqueta.

Empieza en la tierra que cultivamos.

Y desde allí continúa el camino que recorren nuestras patatas hasta llegar a vuestra casa: de la huerta a tu puerta.

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